¡Dejen que cada quien discuta su contrato!
La preferencia de las empresas por los trabajos parciales o temporales no es más que la consecuencia de la falta de competencia en los puestos fijos con mayores beneficios causada por las regulaciones.
En el editorial de El País (España) con el título Costes sociales de la crisis del cuál no hago más que diferir en sus opiniones.
Primeramente el autor se contraría con el título pues admite que el problema viene desde principios de los 90 cuando ya se empezaban a ver las repercusiones de la reforma laboral de estabilidad del empleo y se empezó a ver una contratación dual con los fijos y los temporales que poco a poco empezaron a ser mayoría estos últimos por la obvias consecuencias de las reformas pro-estabilidad laboral que no hacen más que traer dolores de cabeza a la larga a los que luego buscarán trabajo.
Sin embargo no basta con eso y escribe lo siguiente como su solución:
Y después, porque es inevitable una reforma del mercado de trabajo. Esa reforma debería reforzar la estabilidad del empleo y los derechos de los trabajadores y descartar una precarización del empleo para competir con los mercados asiáticos; sencillamente, porque no es posible competir en una carrera cuya meta final es la eliminación de cualquier compromiso legal o retributivo. Así no se sostiene una economía desarrollada.
Mientras llega el cambio laboral, que bien podría empezar a debatirse sobre el modelo de contrato único y estable con costes de indemnización y despido proporcionales a los años trabajados, la sociedad española está pagando de forma muy desigual las facturas de la recesión.
Vamos por partes. Propone que se haga una reforma laboral y que en esta se refuerce la estabilidad laboral que creo el mercado laboral dual. Es decir, la regulación creó un problema pero entonces para eliminarlo tiene que aumentar la regulación, porque más regulación elimina todo problema. Sin embargo ¡la regulación creó el problema! ¿Cómo más regulación podría solucionar algo?
Luego habla de la incapacidad de competir con los mercados asiáticos. De seguro esta persona se olvida que la manufacturación, tarea en la que los mercados asiáticos vencen fácilmente, es en el único rubro que quizás no puedan competir y que de cualquier manera, justo como dijo Hugo Faría hace poco: no puedes intentar hacer real con barreras al comercio internacional en vez de competir. Cuando no se compite los que pierden son los consumidores que al fin y al cabo terminan siendo los mismos empleados, también.
Por último, la propuesta de contrato único. Esto lo que busca es eliminar la figura del temporal y que todos pasen a ser indefinidos, de esta manera se le paga al empleado el despido de acuerdo a años trabajados (que no es así en los temporales porque las mismas leyes estipulan el tiempo que le pagaran como despido y el trabajador entonces está imposibilitado para discutirlo con su patrono en la creación del contrato). Suena muy bien hasta que se ven las consecuencias para los que trabajan ya fijo, con un modelo de contrato único perderían gran parte de estos beneficios pues las empresas no son capaces de cubrir estos beneficios para todos sus empleados. Ahora si los gobiernos obligan a que los beneficios sean los mismos que cualquier empleado fijo simplemente los empresarios se irán del país.
Irónicamente los propulsores del contrato único dicen que es la mejor técnica para la creación de empleo y salir de la recesión económica airados, lo que no dicen ellos es que es efectivo a corto plazo pero las consecuencias a largo plazo son devastadoras.
¿Por qué no simplemente dejan que los empleados discutan su propio contrato con sus empleadores? Así obtendríamos empleadores y empleados felices pues si los 2 aceptaron es porque les sirve el negocio.
¡Dejen que cada quien discuta su contrato! Nadie mejor que cada individuo para saber lo que le conviene.







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